CHIAPAS: METAMORFOSIS QUE ENFRENTA GOBIERNO
Roger Laid
La historia de la participación política de las mujeres no comenzó ayer ni es producto de la voluntad de un gobernante. Es resultado de décadas de lucha, movilizaciones y sacrificios frente a una sociedad que durante mucho tiempo les negó el derecho a decidir y gobernar.
En México, el 12 de febrero de 1947 se reconoció constitucionalmente el derecho de las mujeres a votar y ser votadas en elecciones municipales. Seis años después, el 17 de octubre de 1953, se promulgó la reforma que reconoció sus derechos políticos en el ámbito federal. En 1955, las mexicanas acudieron por primera vez a las urnas para elegir diputaciones federales. La lucha continuó hasta alcanzar la paridad constitucional y, en 2019, la reforma conocida como Paridad en Todo, que amplió este principio a los poderes públicos y distintos niveles de gobierno.
Por eso, la movilización de miles de mujeres en Tuxtla Gutiérrez, el pasado 18 de octubre, tiene una dimensión que trasciende la coyuntura electoral. No solamente salieron a defender una reforma: colocaron sobre la mesa una deuda histórica, la de convertir la igualdad escrita en las leyes en oportunidades reales para ejercer el poder.
La iniciativa del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, aprobada por el Congreso chiapaneco el 14 de septiembre, busca fortalecer la paridad efectiva en las candidaturas a las presidencias municipales rumbo a 2027. Su impugnación ante la Suprema Corte, promovida por el PAN, abrió una controversia jurídica que deberá resolverse conforme a la Constitución.
Pero más allá del litigio, existe una pregunta política que incomoda a quienes durante años han administrado las candidaturas como patrimonio de grupo: ¿por qué habría de causar temor que más mujeres gobiernen los municipios?
La democracia no puede conformarse con colocar mujeres en las planillas para cumplir una cuota, mientras los espacios con mayores posibilidades de triunfo se reservan para los hombres.
Tampoco puede tolerar las simulaciones de las llamadas “Juanitas”, ni permitir que una mujer llegue a un cargo para terminar obedeciendo intereses ajenos. La paridad debe significar autonomía, capacidad de decisión y poder efectivo.
Eduardo Ramírez y la metamorfosis de Chiapas
En este escenario, también debe reconocerse que Eduardo Ramírez enfrenta una transformación compleja de la administración pública estatal.
Recibió una entidad con problemas acumulados, inercias burocráticas y entuertos delicados que no desaparecen con un cambio de gobierno.
Caminar por algunas estructuras institucionales era, políticamente hablando, como pisar una herida con pus: dolía por todos lados. Había asuntos pendientes, prácticas arraigadas y una ciudadanía que esperaba respuestas. Esa es la dimensión de la metamorfosis que se necesita: no cambiar solamente los nombres de las oficinas, sino modificar las formas de gobernar.
Y la política que hoy reclama Chiapas no se construye exclusivamente desde los escritorios, los informes o las reuniones entre funcionarios. Se hace a pie, en las comunidades, en las colonias, escuchando a quienes durante años sintieron que sus demandas no llegaban a ninguna parte y eso es precisamente lo que está habiendo el gobernador y también eso le da voz y amplia logística de operatividad porque camina.
La cercanía con el pueblo debe ser una práctica permanente, no una fotografía de campaña. Escuchar implica corregir; recorrer implica resolver; comprometerse significa cumplir y no desde luego hacer cambios las veces que sean necesarios, no es equivocarse es gobernar.
Allí se encuentra la diferencia entre una administración que busca legitimidad y otra que solamente administra su imagen.
El equipo debe oxigenarse y recuperar o avanzar en el sentido del servicio.
Sin embargo, ningún gobernador puede transformar por sí solo una estructura completa. Los resultados dependerán también de que su equipo acompañe el ritmo del cambio y deje atrás las inercias que frenan los compromisos adquiridos con la ciudadanía y de eso el gobernador se mantiene atento.
El gabinete y los distintos niveles de gobierno recuperan la energía, la sensibilidad y el trabajo territorial que suelen caracterizar las campañas, ahora con responsabilidad institucional, Chiapas debe avanzar. El problema aparece cuando algunos colaboradores confunden la oportunidad de servir con la oportunidad de construir proyectos personales, cuidar cuotas de poder o preparar sus propias aspiraciones políticas y abandonan el espacio.
El servicio público no puede convertirse en una plataforma de promoción personal. Quien ocupa una responsabilidad debe recordar que el cargo tiene fecha, pero las consecuencias de sus decisiones permanecen en la vida de los chiapanecos.
La oxigenación de los equipos será útil si viene acompañada de resultados, coordinación y evaluación. De nada sirve cambiar funcionarios si las prácticas permanecen intactas; tampoco basta con tener buenas intenciones cuando la burocracia se resiste a cumplir.
La reforma de paridad y la política de proximidad tienen un punto en común: devolverle a la ciudadanía una participación real en las decisiones públicas. Las mujeres no necesitan solamente que les abran un espacio; necesitan que las reglas les permitan competir, ganar y gobernar sin tutelas.
Chiapas vive una oportunidad que no debe desperdiciarse. El gobernador puede impulsar cambios importantes, pero el éxito de esa transformación dependerá de que su equipo comprenda que el poder no se ejerce para beneficio propio, sino para resolver las necesidades colectivas.
Puntos Suspensivos …
Paco Chacón en su reunión masiva en poliforum Chiapas se le observó diversos grupos en apoyo. Se esperaba y ampliaremos ya que le empiezan a aparecer muchos amigos.
Opiniones quejas y sugerencias al 9611897730
