Prohíben venta de tazas de “nalgas”, “penes” y “Chichis” durante Día de Muertos en la zona lacustre de Michoacán
Por J. Jesús Lemus
Ciudad de México, 18 OCT.-La celebración de la Noche de Muertos en la región lacustre de Michoacán representa uno de los momentos de mayor arraigo cultural, espiritual y turístico para el estado. No obstante, la víspera de esta solemnidad se encuentra atravesada por una intensa controversia que confronta el rescate de la identidad tradicional con las dinámicas de la economía popular y la libertad de creación.
Las autoridades estatales de turismo y los gobiernos municipales de la cuenca del lago de Pátzcuaro han implementado directrices y regulaciones para restringir de manera tajante la comercialización de barros de uso festivo conocidos popularmente como tazas eróticas o alusivas a la anatomía humana, moldeadas con representaciones de genitales o torsos femeninos.
Esta determinación institucional busca resguardar el carácter sagrado de la ritualidad p’urhépecha frente a lo que consideran una distorsión mercantilista, una postura que ha generado un firme rechazo entre diversos sectores de artesanos que defienden la elaboración de estas piezas como una manifestación de su libertad de expresión, su derecho al trabajo e incluso una forma contemporánea de sátira y picardía popular.
Se trata de respetar la tradición, dice la autoridad
Desde la perspectiva gubernamental, la Secretaría de Turismo del Estado de Michoacán y los ayuntamientos de la zona lacustre sostienen que la proliferación de estos enseres rompe con el propósito primordial de las festividades de noviembre, caracterizadas históricamente por el silencio, la reflexión, la ofrenda y la veneración a las almas de los ancestros.
La autoridad señala que durante las últimas décadas el consumo desmedido de bebidas alcohólicas servidas en recipientes fetiche al aire libre desvirtuó la atmósfera ceremonial, transformando calles y plazas comunitarias en espacios de fiesta desmedida que ahuyentan al turismo cultural e incomodan a las propias comunidades originarias.
En ese sentido, las dependencias oficiales argumentan que la restricción no pretende censurar el oficio artesanal en general, sino dignificar la imagen comercial del destino y orientar los tianguis tradicionales hacia la venta de alfarería, textil, madera y herrería con iconografía auténtica que dignifique las destrezas transmitidas de generación en generación.
Se apela a la preservación del patrimonio inmaterial de la humanidad para justificar la prohibición, priorizando el respeto a las costumbres comunitarias por encima de tendencias comerciales transitorias.
Aluden violación a la libertad de creación
En la otra cara de la moneda, el gremio de artesanos y comerciantes de la región lacustre percibe esta medida restrictiva como una imposición unilateral que atenta contra su libertad de creación y vulnera su economía en la temporada del año de mayor derrama financiera. Los creadores locales defienden que el barro modelado con formas anatómicas, satíricas o alusivas a la sexualidad no es un invento reciente ni una falta de respeto improvisada, sino que abreva de una larga tradición de alfarería juguetona y picante que ha existido en el folclor mexicano desde épocas prehispánicas y coloniales.
Argumentan que los moldes e iconografías anatómicas forman parte de su repertorio de técnicas de modelado y que la alta demanda de estas piezas por parte de los propios visitantes demuestra que existe un público que busca el folclor popular expresado con humor.
Para los alfareros, prohibir la venta de determinados diseños constituye un acto de censura sobre el arte barroco y utilitario, toda vez que se vulnera la autodeterminación del artesano para decidir qué piezas moldear, comercializar y ofrecer en sus propios espacios de exhibición.
El debate sobre la regulación en los tianguis de Noche de Muertos pone en relieve la compleja tensión entre el resguardo del patrimonio cultural inmaterial y el libre ejercicio de la actividad artesanal en entornos de consumo masivo.
Mientras la autoridad mantiene firme su postura de limpiar la imagen del evento mediante la prohibición de estos recipientes durante las fechas solemnes, los alfareros demandan mesas de diálogo donde se reconozca el valor de su trabajo y se eviten medidas punitivas que limiten su inventiva y sus ingresos.
Esta encrucijada evidencia el desafío constante que enfrentan los pueblos de Michoacán para conciliar la devoción comunitaria, la evolución del arte popular y la masificación del turismo en una de las tradiciones más emblemáticas de México. Información Cenzontle 400
Noticias/Diario Tribuna Chiapas/2026

