Mientras AMLO negaba la existencia de fentanilo, el Cártel de Sinaloa lo producía industrialmente
Por J. Jesús Lemus
Ciudad de México, 12 OCT.-La caída de José Ángel Rivera Zazueta, alias El Flaco, en la Ciudad de México puso al descubierto una de las contradicciones más severas entre el discurso político y la realidad operativa del crimen organizado en la historia reciente del país.
Mientras desde la tribuna presidencial se insistía de manera reiterada, por parte de López Obrador, que en México no se producía fentanilo ni se introducían los precursores químicos necesarios para su elaboración, las agencias internacionales de inteligencia documentaban minuciosamente cómo este operador del Cártel de Sinaloa movía toneladas de insumos sintéticos a través de una red que abarcaba tres continentes.
El Flaco no respondía al perfil tradicional del capo de la droga volcado a las armas. Su papel dentro de la estructura criminal era el de un facilitador logístico y broker químico de alto nivel, estrechamente vinculado a las facciones de Ismael El Mayo Zambada y de Los Chapitos. Su función principal consistía en articular el abastecimiento de sustancias clave procedentes de Asia para alimentar las cocinas industriales instaladas en el norte del país, garantizando un flujo constante e ininterrumpido de materia prima.
La reconstrucción de sus operaciones fue posible gracias a un esfuerzo conjunto entre la Guardia Costera de Taiwán y la Agencia Antidrogas de Estados Unidos. Mediante la intervención de comunicaciones telefónicas, el rastreo de embarcaciones y el seguimiento de encomiendas aéreas, las autoridades internacionales lograron mapear la ruta utilizada por Rivera Zazueta.
La estrategia logístico-financiera conectaba directamente a proveedores en ciudades portuarias de China con escalas estratégicas en puntos del Pacífico Norte, como Alaska, para finalmente desembarcar la mercancía en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y en los puertos de Manzanillo y Lázaro Cárdenas.
Los precursores, declarados falsamente como jabones, resinas o productos industriales de uso cotidiano, eran transportados desde la capital y las costas hacia los bastiones del Cártel de Sinaloa en el Triángulo Dorado. En esas zonas se consolidaron narcolaboratorios con capacidad para fabricar millones de pastillas falsificadas al día, transformando por completo la dinámica del narcotráfico y migrando de las drogas de origen natural a la producción masiva de opioides sintéticos.
Las pruebas acumuladas en los expedientes judiciales de la Corte Federal del Distrito de Columbia y de la Corte del Distrito Sur de California abarcan grabaciones donde Rivera Zazueta negociaba los precios por kilogramo de sustancias esenciales como el N-fenetil-4-piperidona y el ANPP, presumiendo además su capacidad para evadir los controles aduanales mediante empresas fachada y triangulaciones financieras en la banca asiática y en criptomonedas.
El contraste entre esta infraestructura criminal y las declaraciones vertidas en las conferencias matutinas entre 2019 y 2023 evidenció una brecha insostenible. La narrativa oficial, que buscaba desmarcar a México de la crisis del fentanilo atribuyendo el problema de forma exclusiva al consumo en Estados Unidos y a envíos directos desde Asia, quedó desmentida por los propios hechos.
La captura con fines de extradición de Rivera Zazueta en la Ciudad de México confirmó que la capital funcionaba como centro de operaciones para los gestores del tráfico de precursores, mientras en el ámbito público se negaba de forma sistemática la existencia misma de la producción industrial de la droga en suelo nacional. Información Cenzontle 400.
Noticias/Diario Tribuna Chiapas/2026

