Por Carlos Rafael Coutiño Camacho.
1.- Independencia de México
2.- Independencia de Chiapas
3.- San Agustín
La independencia hispanoamericana se enseña comúnmente como un hermoso cuento, héroes inmaculados rompiendo cadenas coloniales para fundar naciones soberanas y libres, sin embargo, la realidad histórica revela un lienzo sumamente complejo de continuidades, por eso vale la pena leer los libros de Juan Miguel Zunzunegui, acudir a los archivos históricos y no quedarnos con lo que nos quieren decir y convencer.
El fin del dominio imperial “español” no significó de ninguna manera una revolución social profunda, sino un mero cambio de guardia político. Los criollos, la aristocracia blanca local, desplazaron hábilmente a los peninsulares para tomar el control absoluto del aparato estatal, manteniendo intactas las viejas estructuras socioeconómicas de exclusión, opresión y castas de la época colonial.
Debemos preguntarnos, como podemos decir que España nos “invadió”, cuando ese país no existía, lo que si era real, era la Corona castellana; que por cierto, México tampoco existía, sino pueblos de grupos étnicos, solo hay que recordar que la Península de Yucatán y Chiapas, solo por citar, no eran México, y el territorio que sí, ahora es de Estados Unidos.
El 27 de agosto de 1821, se dio la consumación de la Independencia de México, el Ejército Trigarante hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México, marcando el fin de una guerra que duró exactamente 11 años y 11 días, pero la Independencia, no fue real, pues seguimos con Iturbide, seguimos teniendo todo lo que ese país, España, quiso, como su lengua, sus escuelas, hospitales, sus vestidos, sus danzas y música.
Lejos de ser realmente liberados los indígenas, por las nuevas banderas republicanas, la emancipación eliminó por completo las antiguas protecciones jurídicas que la Corona española otorgaba sobre sus tierras comunales ancestrales.
Bajo la falsa narrativa del progreso liberal y la urgente unificación nacional, los nacientes Estados americanos ejecutaron campañas militares de asimilación forzada y masacres sistemáticas brutales, despojando a las comunidades indígenas de sus propios territorios de forma aún más agresiva que los antiguos virreyes.
Hoy, a siglos de aquellas batallas campales, el saqueo histórico no ha terminado; simplemente cambió de métodos y actores globales. El viejo monopolio de la península ibérica mutó gradualmente en un extractivismo moderno altamente tecnificado y transnacional.
CHIAPAS
La memoria histórica de Chiapas resguarda un hito de valentía, aquel 28 de agosto de 1821, la ciudad de Comitán, se convirtió en la cuna legítima de la libertad chiapaneca; en medio de la profunda indecisión de los hombres convocados por Fray Matías de Córdova, quienes temían duras represalias de las autoridades coloniales de Guatemala, emergió la determinación inquebrantable de la célebre heroína comiteca Josefina García Bravo.
Con total firmeza de espíritu, esta gran mujer increpó la vacilación masculina proclamando abiertamente que, si ellos no se atrevían por miedo, las valientes mujeres tomarían las armas para combatir, mientras los hombres asustados se quedaban cuidando a los hijos en el hogar, esta postura rompió el temor generalizado de la asamblea y forzó la declaración definitiva.
Dejar atrás la dolorosa dependencia de la Capitanía General de Guatemala no fue un simple berrinche político; representó un paso muy positivo, digno y vital para la supervivencia civil de Chiapas, durante largas décadas, el gobierno central guatemalteco mantuvo un centralismo asfixiante que se tradujo en un profundo, cruel y sistemático olvido hacia el valioso pueblo indígena chiapaneco; las comunidades originarias locales padecían marginación extrema, careciendo de reconocimiento, justicia social y derechos elementales bajo el dominio de una administración lejana que ignoraba por completo sus necesidades humanas más urgentes de desarrollo e infraestructura básica.
Por ello, romper definitivamente los lazos con Guatemala se consolidó como una urgente necesidad de salvación étnica, civil y social para la población regional entera, este cambio radical abrió las puertas para construir un destino propio, buscando una alternativa real de inclusión y progreso social. Hoy, la valiosa independencia se celebra como el auténtico renacimiento de un pueblo pluricultural que se negó rotundamente a ser invisibilizado y tomó las riendas de su propia e histórica historia nacional.
Agustín de Hipona
Leía la Ciudad de Dios de Agustín de Hipona, un tipo que se puede decir que casi odiaba a Dios, pero su conversión fue tal, que fue uno de los que logró la caída de Roma, al menos en la parte africana, el relato es claro, y me encuentro muchas frases que los políticos utilizan, entre ellas, “Hechos no Palabras”, entre otras famosas.
San Agustín, quien era un gran orador y posterior obispo de ese lugar, falleció el 28 de agosto, dejando una huella inquebrantable sobre lo que es la fe y la certeza que la verdad, no es una palabra, idea o sentimiento, sino una persona, refiriéndose a Jesús de Nazaret, ello al volcarse en la lectura de las cartas de San Pablo el de Tarso.
Si leyéramos el libro, seguramente tendríamos una mejor ciudad, no me refiero por los gobernantes, sino como ciudadanos, menos violencia, menos defectos menos acciones negativas, en síntesis, una ciudad si no de Dios, por lo menos, con una calidad de vida y mejores condiciones en todo.
Fue uno de los que anunció la caída de Roma antigua y la nueva Roma, todo se cumplió y pese a que era perseguido por los vándalos, quienes eran cristianos pero no católicos, finalmente entre otros cristianos, terminaron siendo católicos, bajo discursos que convencían de manera casi instantánea a los enemigos.
Fue un hombre con amante, con hijo y con esposa, perseguidor del católico, desmintió la existencia de Dios y finalmente su vida fue otra, asegurando que lo tenía todo y no tenía lo más importante que era a Dios, esta frase si que mata: “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.
Pareciera que no importa que se sea católico o no, sino que las acciones estén encaminadas hacia Dios, conocer la vida de los santos, sin duda que renueva a cada persona, igual se presta para hacer política seria y positiva.
