BUSCAPIÉS QUE BUSCÓ DIVIDIR
Roger Laid
En política, pocas cosas viajan más rápido que un rumor. Un «quizá», un «podría», un «trasciende» o un «versiones indican», para que, después de cientos de reenvíos en redes sociales, termine presentándose como si fuera una verdad consumada.
Eso ocurrió con la versión que ubica al gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, rumbo a la Secretaría de Gobernación. Hasta el momento no existe un comunicado oficial de la Presidencia de la República, de la Secretaría de Gobernación ni del Gobierno de Chiapas que confirme esa posibilidad. (pero si la palabra del gobernador que refiere su compromiso con Chiapas). Todo lo demás pertenece al terreno de la especulación política.
Sin embargo, lo verdaderamente interesante no es el rumor en sí, sino el objetivo que puede perseguir.
LOS MUERTOS QUE VOS MATAIS…
En política, los rumores rara vez son inocentes. Y hay que ver a quien le gusta generar ruido. Con frecuencia buscan medir reacciones, alterar el ánimo de los equipos de gobierno, despertar ambiciones o sembrar incertidumbre entre quienes ocupan posiciones estratégicas. Es una forma de hacer política sin asumir la responsabilidad de sostener públicamente una afirmación.
El texto difundido (copiado y pegado muchas veces) está construido precisamente bajo esa lógica. Utiliza expresiones como «podría», «versiones», «de concretarse», «sería considerado» y «comienza a generar expectativa». Es decir, presenta una hipótesis sin pruebas verificables, pero con nombres específicos que inevitablemente provocan lecturas políticas y desde luego provoca la opinión a la ligera de muchos lectores.Y ahí aparece el verdadero destinatario del mensaje.
INTENTO DE BOLA DE NIEVE
Más que anunciar un supuesto relevo en la Secretaría de Gobernación, el texto parece intentar colocar desde ahora nombres para una eventual sucesión estatal. Es una práctica conocida: mientras un gobernante mantiene su atención en la administración pública, otros buscan adelantarse al reloj político construyendo escenarios que todavía no existen.
No sería la primera vez que un exgobernador —o grupos ligados al pasado— intentan conservar influencia promoviendo narrativas, impulsando aspiraciones o alentando la idea de que ya conocen el siguiente movimiento del tablero. Esa forma de operar ha sido señalada en múltiples análisis políticos: instalar rumores para generar percepción y, después, convertir esa percepción en presión política. Y para variar aparecen los de siempre buscando la carroña o buscando llevar alguna negociación María Elena Orantes ya aparece en escena; Luis Armando Melgar; Manuel Velasco también y él es motivo especial de estas líneas.
NO LOS VOLTEA A VER…
Mientras tanto, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha mantenido un discurso distinto. Su narrativa pública ha privilegiado el trabajo territorial, el contacto con la ciudadanía y la continuidad de su administración. Hasta ahora no ha dado señales públicas de estar construyendo una ruta distinta a la que le fue encomendada por las urnas.
En ese contexto, resulta significativo que algunos funcionarios puedan ser objeto de especulaciones sobre futuros ascensos. Es natural que la política despierte expectativas, pero también es cierto que la fortaleza de un gobierno depende de que sus colaboradores mantengan la concentración en las responsabilidades para las que fueron designados y no en escenarios hipotéticos.
LO OFICIAL ES…
El caso del secretario de Salud, Luis Ignacio Avendaño Bermúdez, ilustra esa circunstancia. Desde su llegada ha expresado que su responsabilidad es servir a Chiapas desde esa institución. Cualquier interpretación distinta proviene, hasta ahora, de terceros o de opiniones apoyadas en comentarios de pasillo y no de hechos verificables. Lo oficial es lo que señale el uno.
La lealtad política no se demuestra alimentando rumores ni adelantando tiempos. Se demuestra cumpliendo la responsabilidad conferida por quien encabezó un proyecto de gobierno y por los ciudadanos que votaron por él. La historia política de Chiapas ofrece numerosos ejemplos de cómo las sucesiones adelantadas terminan debilitando administraciones que aún tienen varios años por delante. Ya no se quiere eso.
La libertad de expresión protege plenamente el derecho de periodistas, analistas y ciudadanos a emitir opiniones y difundir información. Al mismo tiempo, ese derecho implica la responsabilidad de diferenciar con claridad entre hechos confirmados, versiones y opiniones, especialmente cuando pueden influir en la percepción pública.
Por ahora, los hechos son contundentes: Eduardo Ramírez Aguilar sigue siendo gobernador constitucional de Chiapas; Rosa Icela Rodríguez continúa como secretaria de Gobernación; y no existe comunicación oficial que anuncie cambios.
Todo lo demás pertenece al terreno de la especulación, conjeturas, suposiciones, hipótesis, elucubraciones…pajas mentales (para que lo entiendan esos generadores).
Y en política, muchas veces el rumor dice más sobre quien lo difunde que sobre quien pretende convertirse en protagonista. Saludos al exgobernador Manuel Velasco quien ya anda en búsqueda de acuerdos.
Puntos Suspensivos…
Cuando un gobernante mantiene altos niveles de presencia política, cercanía social y control de la agenda pública, sus adversarios recurren al viejo manual: el rumor, la especulación y el golpeteo anticipado.
Incapaces de construir una figura que compita con el liderazgo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, adelantan una sucesión inexistente para sembrar ambiciones y fracturar lealtades. Se equivocan de calendario. En Chiapas todavía hay gobierno, proyecto y rumbo. Quienes hoy juegan a la sucesión olvidan que, en política, la ingratitud suele pagarse con el descrédito.
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