Por Carlos Rafael Coutiño Camacho.
1.- Humanismo
2.- Guelagetza
3.- Perro
La política tradicional suele encandilarse con las luces de las grandes urbes, olvidando que el verdadero pulso de un estado late en la periferia, ahí donde la marginación se ha arraigado por generaciones. En este escenario, la gestión del gobernador Eduardo Ramírez cobra una relevancia singular al colocar el foco de su administración precisamente en las comunidades históricamente relegadas.
En una gira de las tantas que hace el mandatario, dijo en una sola frase «del olvido a la prosperidad», eso es exactamente todo, no hay necesidad de decir más, pues su gobierno ha emprendido un viraje estratégico hacia los municipios más pobres, transformando la retórica asistencialista en acciones tangibles de desarrollo integral.
Aunque no es solo los lugares indígenas, como pudiera pensarse, también lo es Tuxtla Gutiérrez, zonas que realmente no tienen más que gente, no hay agua, la luz es de un solo poste, sin pavimentación y que decir del drenaje, hace poco se habló del transporte que no llega y por eso la gente ya no sabe para dónde ir a trabajar.
Pues en Tuxtla, ya le dio servicio colectivo a 3 colonias literalmente alejadas que puede les sea más fácil pertenecer a otro municipio, pues en estos puntos, el mandatario siempre está ahí, viendo por ellos, por lo que no pueden agradecer con videos, con regalos o con vestimentas, por eso llega, porque no le gusta los aplausos.
No se trata simplemente de entregar apoyos temporales, sino de saldar una deuda histórica con quienes han sido sistemáticamente invisibilizados, sean indígenas, campesinos, o en zonas urbanas, la necesidad de atención urgente en estas regiones no admite demoras ni simulaciones políticas.
Cada camino rural pavimentado, cada clínica equipada y cada escuela dignificada en las zonas de alta vulnerabilidad representan un golpe directo a la desigualdad estructural.
La visión del mandatario chiapaneco, entiende que la gobernabilidad democrática carece de sentido real si el bienestar social no llega primero a los hogares más necesitados, el lema que abandera esta causa justa no es un mero adorno publicitario; es una hoja de ruta con un profundo sentido de responsabilidad humana.
Transitar con éxito del olvido a la prosperidad exige una planificación minuciosa y una empatía real con las carencias del pueblo. Eduardo Ramírez ha caminado esos territorios, escuchando las demandas legítimas de comunidades enteras que por décadas solo recibieron promesas en época electoral.
Al priorizar el presupuesto y las obras públicas en estos municipios marginados, se siembra la semilla de la autosuficiencia económica y la justicia social verdadera.
Pensar siempre en un mejor futuro para las familias más desprotegidas implica construir desde hoy las condiciones idóneas para que las próximas generaciones no tengan que migrar por falta de oportunidades esenciales.
El acceso a servicios básicos, la conectividad regional y el impulso directo a la economía local son los pilares de este cambio profundo. La transformación que hoy se vive en los rincones más apartados demuestra plenamente que la voluntad política, cuando se alinea con las causas ciudadanas, es capaz de revertir el abandono ancestral.
El verdadero progreso de una sociedad no se mide jamás por la opulencia de unos pocos, sino por la dignidad recuperada de los sectores más vulnerables.
